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Archive for the ‘viajes’ Category

Bilbo en un fin de semana

Un corto fin de semana en Bilbao podría ocupar tantos post como abrazos repartidos pero no seré muy pesada y trataré de resumirlo.
Tras un gracioso viaje amenizado por la borracha de turno que no tiene otra cosa que hacer que insultar al resto de pasajeros y pagar con ellos su mosqueo por el retraso, aterrizamos en la ciudad en un abrir y cerrar de ojos. La primera tarea, cómo no, fue hacernos con un mapa para callejear sin perdernos demasiado y una vez que lo tuvimos, comenzamos nuestra excursión.

Llegamos hasta el Hotel, que cómo se había comentado en internet, parecía estar en el ghetto de Bilbao, pero personalmente ese barrio me pareció la hostia. Entre la calle San Antonio y Gorte Kalea se distribuían todos los marroquís, chinos y pakistanís; lo que me hizo menos gracia fueron las pobres señoras prostitutas (de verdad que eran señoras). Era un barrio animado, con mucho movimiento y un montón de restaurantes y tiendas en las que podías comprar litros fríos Lager a 1€. En cuanto al hotel… bueno, era el más barato pero los de la recepción eran simpatiquísimos y lo más gracioso fue descubrir que en relidad no se llamaba hotel Bilbi como pensábamos, sino Hotel Cantábrico.

La primera noche, pasamos por la Tetería Mármara, lugar totalmente recomendable en el que te puedes sentar a tus anchas y disfrutar de una rica shisha;barato y con una buena carta de Tés, Cócteles (recomendación especial de Vodka con zumo de Mango), Batidos y Cervezas. Después teníamos cita en el Bilborock, una sala pegada a la ría (muelle de la Merced) que nos sorprendió muchísimo por ser una antigua Iglesia.

Al día siguiente nos recorrimos Bilbao andando. Fue magnífico el paseo de la ría y cruzar el puente Zubizuri (una pena que no pudiésemos verlo iluminado) para llegar al Guggenheim (aunque sólo había una sala abierta). La “exposición” marítima junto al puente Euskalduna, el estadio de San Mamés, Licenciado Poza con sus bares (y su China City), etc. Por la noche llegó el motivo del viaje: Mos Def Y Pete Rock, aunque no comentaré nada sobre ello.

La r�a

El domingo seguimos paseando, ésta vez por el Casco Viejo para descubrir el rastrillo que se monta en la plaza Nueva, dónde pudimos comprar unos vinilos de Thelonius Monk, Eddie Kendricks, Edwin Starr y Al Green; para después perdernos caminando hasta el Parque Etxebarría, desde el que se ven unas vistas preciosas de toda la ciudad.

Vistas desde el parque Etxebarria

Espero que algún día pueda volver para solucionar todas esas cosas pendientes como terminar de ver el museo, probar los ascensores públicos, viajar en metro, coger el tranvía en el césped… y ¿quién sabe si será esa ciudad?

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Electrónica en Burgos

Cambio de planes a última hora y viaje en coche hacia el norte. Así comienza nuestro fin de semana en Burgos; como excusa el Electrosonic Festival, tercer encuentro de música, arte y pensamiento electrónico.

La ciudad nos acogió con un veraniego sol que a medida que se apagaba el día se convertía en una fría noche otoñal. Entramos en calor y nos dirigimos hacia el recinto del festival, allí nos esperaban dos carpas, que pese a las críticas de algunos, fueron una bendición, sobre todo cuando diluvia.

Buena música, buen ambiente (en algunos sitios mas que en otros) y baile hasta que el cuerpo dijo basta y tuvimos que rendirnos. Destacar entre los artistas del primer día a Tiga, a pesar de los problemas con el sonido y de no desplegar toda su artillería.

La mañana siguiente nos saludó encapotada,un clima perfecto para pasear y conocer la capital burgalesa. Aparcamos cerca del río en la orilla menos “histórica” de la ciudad, frente a la escultura de la fotografia. Desde allí partimos a pie hacia la Catedral, la cual no visitamos por falta de motivación y  de dinero. Nuestro siguiente destino fue el Centro Cultural de la CAB ( Caja de Ahorros de Burgos) para visitar las exposiciones promovidas en el marco del festival. Destacaría sobre las demas la propuesta de David Shrigley, un artista muy recomendable.

Escultura

Tras un pequeño apertivo y una “suculenta” comida, nos decidimos a visitar la parte de la ciudad que había quedado en el tintero y que mas nos interesaba: los bares.
En Burgos las cervezas no llevan tapa, se deben pagar a parte,algo bastante chocante para los que vivimos en Madrid,pero que suele ser bastante habitual en diversas zonas de nuestro país. Antes de partir a nuestra cita con el segundo día del Festival, no pudimos dejar pasar un buen plato de morcilla de Burgos, un revitalizante antiquísimo que nos proprocionó fuerzas para bailar durante mas de ocho horas.

Bar de Burgos

De nuevo llegamos al recinto y decidimos hacer tiempo hasta que comenzara uno de nuestros grandes alicientes para acudir al festival: Vitalic. Su actuación no se hizo esperar mucho y aunque decepcionó por momentos, destaco que sonara el tema “Fotonovela”, mítica canción italiana, en mitad de su set. Destacar tambien a Teenage Bad Girl y Joris Voorn, los grandes descubrimientos para mí de este Electrosonic 2007 y el cierre de la carpa Bacardi Limon, donde Ellen Allien soltó un buen número de temazos aunque no estuviera muy fina con los platos.

En definitiva,un gran festival y una preciosa ciudad que seguro que el año que viene nos ve pisar sus calles de nuevo.

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El cuarto paso, y no por ello menos importante, trata sobre una bonita capital. ¡Lisboa!

Entrando por el puente Vasco de Gama, Lisboa nos anunció ser una ciudad preciosa; ¿Qué dirección tomar? Improvisar es a veces la solución más acertada. Perdiéndonos por las carreteras nos acercamos al centro y asentamos nuestro “coche-campamento” en una callecita poco transitada cerca de la estación de Santa Apolonia, donde entramos en busca de algún mapa y lo único que encontramos fue una sala de espera llena de Pombos (¡palomas!).

Tras el fracaso en busca de mapas, continuamos descubriendo la ciudad callejeando por dónde nos apetecía hasta que encontramos un barrio lleno de callejuelas pequeñas, escaleras, cuestas, barandillas, guirnaldas… y un montón de bares de Fado; más tarde supimos que estábamos en la Alfama. La magia fue creciendo hasta que llegamos al punto más alto desde donde un mirador nos ofreció una de las vistas más bonitas de la ciudad; aparte de unas pintadas muy graciosas antituristas.

Para cenar nos olvidamos de buscar algo típico y fuimos en busca de algo mucho más difícil de encontrar: un restaurante chino. El restaurante Chinés (así se llaman allí) era exactamente igual a cualquiera de los restaurantes de aquí, con dependientes que no tienen ni idea de español, ni de portugués. Nuestra sorpresa de la noche fue encontrar en la carta la sección de vinos y ante nuestro asombro una lista de Vinhos Verdes (son parecidos a los blancos y un poco espumosos).

Al día siguiente pensábamos salir pronto de vuelta a Madrid, pero sabíamos que teníamos demasiado por ver antes de volver. Por la mañana hicimos tiempo en el desayuno esperando a que abriesen una tienda de antigüedades a la que habíamos echado el ojo con la esperanza de encontrar algunos vinilos. La espera mereció la pena; salimos de allí con un vinilo de Gilberto Gil y otro de Rodrigo (un cantante de Fado).

Para terminar nuestro recorrido fuimos al centro, dónde nos tiramos más de 3 horas paseando por las plazas y calles, deleitándonos con los edificios de corte tan madrileño, curioseando las tiendas de recuerdos llevadas por Pakistanís (obviamente no compramos nada) y atrasando el final del viaje todo lo que pudimos.

Lisboa…. Volveremos a vernos!!!

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Cualquier viaje o desplazamiento por carretera, por corto que sea, no está completo sin la fiel compañera de todo copiloto: la cerveza.

Partimos de nuestro punto inicial con una reserva de cervezas de procedencia nacional y dudosa calidad. La duración de nuestra reserva en tierras portuguesas fue más bien escasa, creo que ni siquiera vieron el sol luso. Ante la perspectiva de una semana sin cerveza, nos lanzamos de cabeza a investigar el mercado cervecero nacional y para nuestra sorpresa, descubrimos un elixir delicioso que incluso sobrepasaba nuestras expectativas; había nacido una leyenda: SUPERBOCK.

En competencia directa con la otra grande del mundillo cervecero portugués, Sagres, nuestra nueva amiga ocupaba todos los puestos de cerveza, publicidad y similares en varios kms a la redonda, lo que nos forzaba a dejarnos seducir por su sabor. Suave y refrescante, dos características más que suficientes para convertirse en un clásico en los estantes de la nevera del que escribe.

Con esto, animo a todos los amantes de la cerveza a que la prueben, si es que son capaces de encontrarla fuera de Portugal, claro; en cuyo caso agradeceríamos que nos lo comunicaseis. Nuestro próximo objetivo cervecero es, sin duda, el reencuentro con SuperBock.

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Otra de las cosas a destacar en Zambujeira fueron nuestros días de playa.
Lo primero que hacíamos al levantarnos era ir al coche, desayunar algo y directos a la playa con nuestra comida y nuestra shisha para pasar el día.

Debido a la cantidad de gente que había en el festival, la playa de Zambujeira (aunque era preciosa) estaba infestada de multitudes que impedían disfrutar de la tranquilidad del mar; así que nos vimos obligados a buscar otras opciones como la Playa de San Andrés.

Aunque no sabemos si realmente se llama así, el nombre es lo de menos; lo importante es que se trataba de una calita a unos kilómetros del pueblo a la que se llegaba a través de un camino de tierra sin indicaciones y muy poco transitado. Un camino malo para el coche pero demasiado lejos como para ir andando. Al asomarnos al “acantilado”, nos enamoramos de la playita aunque bajar fue una aventura superada gracias al conocimiento de la monitora en actividades de cuerda (XD) y a nuestras habilidades escalatorias. Bajar por ese “camino” de piedras, descender ayudado por una cuerda y sufrir por intentar mantener el equilibrio merece la pena cuando disfrutas de una Superbock bajo una sombrilla escuchando el mar. Echar una carrera por llegar a la helada agua del Atlántico es una de las mejores cosas que podían suceder este verano.

Los demás días, limitados por la gasolina del coche, optamos por otra playa casi tan desierta como la de San Andrés pero algo más accesible. Para llegar a la calita, había que bajar igualmente por las rocas, aunque en esta podía hacerse (dificilmente) con chanclas. Odio la siesta; pero me pareció increíble ser capaz de relajarme y dormir en una playa con gente, en la que todo el mundo permanecía en ese estado de relax en el que sólo importan las olas chocando contra las piedras.

Lo que no podía faltarnos era, sin duda, nuestra pequeña Mitsuba; que aunque no la hemos presentado, aprovechamos este post para hacerlo. Conoceréis sus secretos más adelante así como recetas, trucos y sus viajes. De momento dejamos una foto para el primer contacto:

Otras de las particularidades de la playa, era el nudismo que practicaban algunos de sus visitantes. No había espacio para el pudor en una playa tan pequeña y con tan poca gente, en la que la mayoría de las personas que se asomaban antes de intentar bajar, renunciaron al maravilloso paisaje sólo por la dificultad de su camino.

En resumen, nunca ví un mar más bonito que el de aquella tranquilidad.

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… y como todos los veranos, eran necesarios los viajes para demostrarnos que de verdad era verano.

Nuestro primer viaje a Portugal comienza con la excusa del Festival do Sudeste, que se celebra cada año en Zambujeira do Mar, un pequeño y precioso pueblecito de la costa sur del país vecino y que alberga durante 4 dias a más de 30.000 personas.

El festival contaba con una zona de acampada, o campismo como les gusta decir por allí, gratuita para los asistentes. La zona era una auténtica maraña de ramas y cuerdas sujetando piquetas, encerrada en un gran bosque de árboles que parecían eucaliptos. Encontrar sitio era prácticamente una misión imposible, a menos que no te importara acampar en una pendiente…y no nos importaba.

El campismo contaba, a parte de las típicas “comodidades”, duchas, puestos de comida, etc. con un canal donde podías disfrutar del agua y bañarte sin necesidad de ir hasta la playa que estaba a 3kms. La organización fletó autobuses que cada 30 minutos te acercaban desde el recinto hasta la playa, pero ese servicio pronto se quedó corto y el autostop y las caminatas se convirtieron en lo más usual.

El Festival do Sudoeste, es una gran plataforma de marketing, todo allí tiene una marca comercial, te colmaban de obsequios de todas las procedencias, utilidades y estilos, desde mochilas y camisetas hasta cartones para sentarse en el césped, y es que parece que los portugueses son bastante exquisitos.

Los platos fuertes del festival eran Cypress Hill, Damian Marley y Manu Chao. Las actuaciones fueron bastante correctas pero no entraré en valoraciones personales porque no serian demasiado objetivas.

Existían 3 escenarios: el principal, donde actuaban los cabezas de cartel y la afluencia de publico era masiva; el escenario Positive Vibes, dedicado íntegramente al reggae y otra pequeña carpa, ésta cubierta, donde la música aguantaba hasta las 6 de la mañana, un poco más que el resto de los escenarios.

Tiendas, puestos de comida, un monton de actividades como poder lanzarte haciendo “puenting” en un Smart, patrocinado por TMN (compañía de telefonia portuguesa y principal sponsor del evento), pequeñas carpas de música y muy buen ambiente.

Como única nota negativa, cabría destacar el estado de los aseos del campismo, deplorables y el laberinto que era el aparcamiento donde más de uno tuvo que dejar su coche hasta el día siguiente por no poder encontrarlo.

En definitiva, un festival muy recomendado tanto por su precio (70 euros 4 dias con campismo incluido) como por el entorno en que se desarrolla, simplemente espectacular y por el ambiente que rodea todo, SUPERBOCK manda!!! A pesar del Perroflautismo.

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