Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 21 agosto 2007

¿Y de cenar? Tofu

Estrenando nuestra sección de recetas, comenzamos con una muy sana y rica que hicimos este fin de semana por primera vez y sin duda, repetiremos. Ahí va:

TOFU CON VERDURAS

Ingredientes
Un paquete de tofu duro, sin ahumar (unos 200gr)
100-200g de brotes de soja
1 cebolla en rodajas finas
1 pimiento verde cortado en juliana (a tiras)
1 de pimiento rojo (a tiras también)
100-200g de champiñones en rodajas finas
lechuga (puedes cambiarlo por repollo) 
1  zanahoria rallada en tiras largas
(Las cantidades puedes variarlas al gusto)

Ingredientes para el marinado
2 dientes de ajo machacados
4 cucharadas de aceite de oliva (o cacahuete o sésamo)
zumo de 1/2 limón
4 cucharadas de tamari (o salsa de soja)
2 cucharaditas de miel
1 cebollita muy picada

Preparación
1) En un bol, prepara el marinado mezclando todos los ingredientes y añade el tofu cortado  en taquitos (no demasiado pequeños para que no se rompan) y déjalo macerar durante 4 o 5 horas. Si no tienes tanto tiempo, procura que esté al menos una para que coja sabor.

2) Una vez macerado, separa el tofu del adobo y en un wok (o una sartén) echa dos cucharadas de aceite de oliva y cuando esté caliente, fríe el tofu hasta que esté dorado y retíralo del fuego. Reserva el tofu para después.

 

3) En la misma sartén, tras haber sacado el tofu, con el aceite caliente y el fuego bastante alto, añade las verduras y los champiñones y remuévelo durante 2 o 3 minutos para que se hagan, procurando que no se peguen (sólo deben perder el agua).

4) Añade el adobo que habías preparado para el marinado del tofu y remueve durante otros 2 o 3 minutos.

 

5) Añade el tofu y remueve otro minuto para que se caliente.

6) Sirve en un plato y listo para  comer

(si... es un mantel de Navidad) 

Sugerencias
Esta receta puede acompañarse de fideos de fécula, tallarines, arroz o cualquier otro acompañante que se te ocurra.
En nuestro caso, lo servimos con unos espaguetis y de segundo…
CHAMPIÑONES RELLENOS A LA PLANCHA

 

(pero eso ya es otra receta).

Anuncios

Read Full Post »

El cuarto paso, y no por ello menos importante, trata sobre una bonita capital. ¡Lisboa!

Entrando por el puente Vasco de Gama, Lisboa nos anunció ser una ciudad preciosa; ¿Qué dirección tomar? Improvisar es a veces la solución más acertada. Perdiéndonos por las carreteras nos acercamos al centro y asentamos nuestro “coche-campamento” en una callecita poco transitada cerca de la estación de Santa Apolonia, donde entramos en busca de algún mapa y lo único que encontramos fue una sala de espera llena de Pombos (¡palomas!).

Tras el fracaso en busca de mapas, continuamos descubriendo la ciudad callejeando por dónde nos apetecía hasta que encontramos un barrio lleno de callejuelas pequeñas, escaleras, cuestas, barandillas, guirnaldas… y un montón de bares de Fado; más tarde supimos que estábamos en la Alfama. La magia fue creciendo hasta que llegamos al punto más alto desde donde un mirador nos ofreció una de las vistas más bonitas de la ciudad; aparte de unas pintadas muy graciosas antituristas.

Para cenar nos olvidamos de buscar algo típico y fuimos en busca de algo mucho más difícil de encontrar: un restaurante chino. El restaurante Chinés (así se llaman allí) era exactamente igual a cualquiera de los restaurantes de aquí, con dependientes que no tienen ni idea de español, ni de portugués. Nuestra sorpresa de la noche fue encontrar en la carta la sección de vinos y ante nuestro asombro una lista de Vinhos Verdes (son parecidos a los blancos y un poco espumosos).

Al día siguiente pensábamos salir pronto de vuelta a Madrid, pero sabíamos que teníamos demasiado por ver antes de volver. Por la mañana hicimos tiempo en el desayuno esperando a que abriesen una tienda de antigüedades a la que habíamos echado el ojo con la esperanza de encontrar algunos vinilos. La espera mereció la pena; salimos de allí con un vinilo de Gilberto Gil y otro de Rodrigo (un cantante de Fado).

Para terminar nuestro recorrido fuimos al centro, dónde nos tiramos más de 3 horas paseando por las plazas y calles, deleitándonos con los edificios de corte tan madrileño, curioseando las tiendas de recuerdos llevadas por Pakistanís (obviamente no compramos nada) y atrasando el final del viaje todo lo que pudimos.

Lisboa…. Volveremos a vernos!!!

Read Full Post »

Cualquier viaje o desplazamiento por carretera, por corto que sea, no está completo sin la fiel compañera de todo copiloto: la cerveza.

Partimos de nuestro punto inicial con una reserva de cervezas de procedencia nacional y dudosa calidad. La duración de nuestra reserva en tierras portuguesas fue más bien escasa, creo que ni siquiera vieron el sol luso. Ante la perspectiva de una semana sin cerveza, nos lanzamos de cabeza a investigar el mercado cervecero nacional y para nuestra sorpresa, descubrimos un elixir delicioso que incluso sobrepasaba nuestras expectativas; había nacido una leyenda: SUPERBOCK.

En competencia directa con la otra grande del mundillo cervecero portugués, Sagres, nuestra nueva amiga ocupaba todos los puestos de cerveza, publicidad y similares en varios kms a la redonda, lo que nos forzaba a dejarnos seducir por su sabor. Suave y refrescante, dos características más que suficientes para convertirse en un clásico en los estantes de la nevera del que escribe.

Con esto, animo a todos los amantes de la cerveza a que la prueben, si es que son capaces de encontrarla fuera de Portugal, claro; en cuyo caso agradeceríamos que nos lo comunicaseis. Nuestro próximo objetivo cervecero es, sin duda, el reencuentro con SuperBock.

Read Full Post »

Otra de las cosas a destacar en Zambujeira fueron nuestros días de playa.
Lo primero que hacíamos al levantarnos era ir al coche, desayunar algo y directos a la playa con nuestra comida y nuestra shisha para pasar el día.

Debido a la cantidad de gente que había en el festival, la playa de Zambujeira (aunque era preciosa) estaba infestada de multitudes que impedían disfrutar de la tranquilidad del mar; así que nos vimos obligados a buscar otras opciones como la Playa de San Andrés.

Aunque no sabemos si realmente se llama así, el nombre es lo de menos; lo importante es que se trataba de una calita a unos kilómetros del pueblo a la que se llegaba a través de un camino de tierra sin indicaciones y muy poco transitado. Un camino malo para el coche pero demasiado lejos como para ir andando. Al asomarnos al “acantilado”, nos enamoramos de la playita aunque bajar fue una aventura superada gracias al conocimiento de la monitora en actividades de cuerda (XD) y a nuestras habilidades escalatorias. Bajar por ese “camino” de piedras, descender ayudado por una cuerda y sufrir por intentar mantener el equilibrio merece la pena cuando disfrutas de una Superbock bajo una sombrilla escuchando el mar. Echar una carrera por llegar a la helada agua del Atlántico es una de las mejores cosas que podían suceder este verano.

Los demás días, limitados por la gasolina del coche, optamos por otra playa casi tan desierta como la de San Andrés pero algo más accesible. Para llegar a la calita, había que bajar igualmente por las rocas, aunque en esta podía hacerse (dificilmente) con chanclas. Odio la siesta; pero me pareció increíble ser capaz de relajarme y dormir en una playa con gente, en la que todo el mundo permanecía en ese estado de relax en el que sólo importan las olas chocando contra las piedras.

Lo que no podía faltarnos era, sin duda, nuestra pequeña Mitsuba; que aunque no la hemos presentado, aprovechamos este post para hacerlo. Conoceréis sus secretos más adelante así como recetas, trucos y sus viajes. De momento dejamos una foto para el primer contacto:

Otras de las particularidades de la playa, era el nudismo que practicaban algunos de sus visitantes. No había espacio para el pudor en una playa tan pequeña y con tan poca gente, en la que la mayoría de las personas que se asomaban antes de intentar bajar, renunciaron al maravilloso paisaje sólo por la dificultad de su camino.

En resumen, nunca ví un mar más bonito que el de aquella tranquilidad.

Read Full Post »

… y como todos los veranos, eran necesarios los viajes para demostrarnos que de verdad era verano.

Nuestro primer viaje a Portugal comienza con la excusa del Festival do Sudeste, que se celebra cada año en Zambujeira do Mar, un pequeño y precioso pueblecito de la costa sur del país vecino y que alberga durante 4 dias a más de 30.000 personas.

El festival contaba con una zona de acampada, o campismo como les gusta decir por allí, gratuita para los asistentes. La zona era una auténtica maraña de ramas y cuerdas sujetando piquetas, encerrada en un gran bosque de árboles que parecían eucaliptos. Encontrar sitio era prácticamente una misión imposible, a menos que no te importara acampar en una pendiente…y no nos importaba.

El campismo contaba, a parte de las típicas “comodidades”, duchas, puestos de comida, etc. con un canal donde podías disfrutar del agua y bañarte sin necesidad de ir hasta la playa que estaba a 3kms. La organización fletó autobuses que cada 30 minutos te acercaban desde el recinto hasta la playa, pero ese servicio pronto se quedó corto y el autostop y las caminatas se convirtieron en lo más usual.

El Festival do Sudoeste, es una gran plataforma de marketing, todo allí tiene una marca comercial, te colmaban de obsequios de todas las procedencias, utilidades y estilos, desde mochilas y camisetas hasta cartones para sentarse en el césped, y es que parece que los portugueses son bastante exquisitos.

Los platos fuertes del festival eran Cypress Hill, Damian Marley y Manu Chao. Las actuaciones fueron bastante correctas pero no entraré en valoraciones personales porque no serian demasiado objetivas.

Existían 3 escenarios: el principal, donde actuaban los cabezas de cartel y la afluencia de publico era masiva; el escenario Positive Vibes, dedicado íntegramente al reggae y otra pequeña carpa, ésta cubierta, donde la música aguantaba hasta las 6 de la mañana, un poco más que el resto de los escenarios.

Tiendas, puestos de comida, un monton de actividades como poder lanzarte haciendo “puenting” en un Smart, patrocinado por TMN (compañía de telefonia portuguesa y principal sponsor del evento), pequeñas carpas de música y muy buen ambiente.

Como única nota negativa, cabría destacar el estado de los aseos del campismo, deplorables y el laberinto que era el aparcamiento donde más de uno tuvo que dejar su coche hasta el día siguiente por no poder encontrarlo.

En definitiva, un festival muy recomendado tanto por su precio (70 euros 4 dias con campismo incluido) como por el entorno en que se desarrolla, simplemente espectacular y por el ambiente que rodea todo, SUPERBOCK manda!!! A pesar del Perroflautismo.

Read Full Post »