El cuarto paso, y no por ello menos importante, trata sobre una bonita capital. ¡Lisboa!
Entrando por el puente Vasco de Gama, Lisboa nos anunció ser una ciudad preciosa; ¿Qué dirección tomar? Improvisar es a veces la solución más acertada. Perdiéndonos por las carreteras nos acercamos al centro y asentamos nuestro “coche-campamento” en una callecita poco transitada cerca de la estación de Santa Apolonia, donde entramos en busca de algún mapa y lo único que encontramos fue una sala de espera llena de Pombos (¡palomas!).
Tras el fracaso en busca de mapas, continuamos descubriendo la ciudad callejeando por dónde nos apetecía hasta que encontramos un barrio lleno de callejuelas pequeñas, escaleras, cuestas, barandillas, guirnaldas… y un montón de bares de Fado; más tarde supimos que estábamos en la Alfama. La magia fue creciendo hasta que llegamos al punto más alto desde donde un mirador nos ofreció una de las vistas más bonitas de la ciudad; aparte de unas pintadas muy graciosas antituristas.

Para cenar nos olvidamos de buscar algo típico y fuimos en busca de algo mucho más difícil de encontrar: un restaurante chino. El restaurante Chinés (así se llaman allí) era exactamente igual a cualquiera de los restaurantes de aquí, con dependientes que no tienen ni idea de español, ni de portugués. Nuestra sorpresa de la noche fue encontrar en la carta la sección de vinos y ante nuestro asombro una lista de Vinhos Verdes (son parecidos a los blancos y un poco espumosos).

Al día siguiente pensábamos salir pronto de vuelta a Madrid, pero sabíamos que teníamos demasiado por ver antes de volver. Por la mañana hicimos tiempo en el desayuno esperando a que abriesen una tienda de antigüedades a la que habíamos echado el ojo con la esperanza de encontrar algunos vinilos. La espera mereció la pena; salimos de allí con un vinilo de Gilberto Gil y otro de Rodrigo (un cantante de Fado).

Para terminar nuestro recorrido fuimos al centro, dónde nos tiramos más de 3 horas paseando por las plazas y calles, deleitándonos con los edificios de corte tan madrileño, curioseando las tiendas de recuerdos llevadas por Pakistanís (obviamente no compramos nada) y atrasando el final del viaje todo lo que pudimos.
Lisboa…. Volveremos a vernos!!!
Pues la verdad es que después de mi experiencia con Oporto, me gustaría ir a Lisboa, tiene pinta de ser muy bonita ^^.
Sobre los vinhos verdes, creo que estarían mejor sin burbujas, la verdad.
Un saludo ^^